El aprendizaje permanente es una herramienta de desarrollo personal y social para amplios sectores de la sociedad, que tienen el derecho y la necesidad de incorporar a su bagaje de competencias aquellas consideradas básicas para vivir y trabajar en el siglo XXI. La población adulta no puede renunciar a la adquisición y desarrollo de competencias personales y sociales, necesarias para ejercer su derecho a una ciudadanía activa.
Para alcanzar los objetivos de Europa y España en participación en aprendizaje permanente para 2020, es especialmente relevante la contribución de la educación de personas adultas, y lo será aún más en la medida en que aumente el colectivo atendido y se coordinen los medios y esfuerzos de las administraciones y entidades interesadas en ella.
Las investigaciones recientes confirman la importancia de invertir en el aprendizaje de adultos. Entre las ventajas están la mejora de la empleabilidad, la mejora de la calidad del empleo así como su valor para hacer frente y contribuir a paliar los efectos de situaciones de desempleo, jubilación anticipada, así como el incremento de los beneficios sociales gracias a la mejora de la participación cívica y la salud, el menor índice de delincuencia y el mayor bienestar y grado de realización personales. Las investigaciones sobre los adultos de mayor edad indican que los que participan en el aprendizaje se mantienen más sanos, lo que al tiempo contribuye a reducir los gastos sanitarios.
El aprendizaje de los adultos no sólo ayuda a estos a trabajar más eficazmente y a ser ciudadanos mejor informados y más activos, sino que contribuye también al bienestar personal.